
Llevamos semanas sorprendidos por los relevantes avances conseguidos con IA conversacional, si bien muchos de éstos ya se estaban utilizando en entornos industriales, aún no se habían democratizado en toda la sociedad. El impacto generado e interés en la sociedad se posiciona entre el asombro o sorpresa y el miedo o preocupación debido a como se representa en la cultura, y crece a medida que aparecen nuevas funcionalidades de uso y posibles impactos en los puestos de trabajo.
Es indiscutible que ya ha llegado a la población de forma diversa, facilitando a las personas interactuar sin limite de edad, conocimiento o destreza con la tecnología de manera más intuitiva y natural, permitiendo acceder a servicios más personalizados y eficaces. Esta revolución post pandémica (algo tendrá que ver en todo esto las lecciones aprendidas del covid), permite acceder a coste marginal o lo que llamo democratización tecnológica a poblaciones marginales, que hasta ahora era impensable que comprendieran su alcance y sus implicaciones. Como dato relevante una encuesta reciente elaborada por la red social profesional Fishbowl ha constatado que el 43% de los trabajadores en activo han utilizado herramientas de inteligencia artificial en sus puestos de trabajo. De ese porcentaje, el 68% no les ha comunicado a sus jefes que utiliza estas tecnologías para trabajar; pero lo más importante de todo esto, es que muchas veces no hay un criterio claro para discernir entre verdadero o falso, impactando todo ello en la toma decisiones.
Seguramente, algunas tecnologías emergentes (computación cuántica, metaverso, Web3, 5G, impresión 3D, robótica, rpa, biología digital o activos digitales) pasarán a ser populares a corto y medio plazo, y la convergencia entre ellas hará del fenómeno tecnológico un actor protagonista en las industrias tradicionales, educación, sanidad y en nuestra vida cotidiana, generando un impacto global, democratizado y un nuevo modelo de crecimiento económico. Entendamos con todo ello y, con este escenario de futuro que el desconocimiento, escepticismo o la desinformación actual por su potencial, nos sitúa entre la incertidumbre y el miedo; que nos perjudica más que ayuda.
Ya empiezan a circular estudios como el de Goldman Sachs que determina que hay 300 millones de puestos de trabajo en peligro si la IA se desarrolla al máximo de sus capacidades. Es una obviedad decir, que los estudios apocalípticos y las predicciones alarmistas generan miedo y ansiedad, y como podemos entender no pueden estar basados en evidencias sólidas. La tecnología nos ha demostrado que no es un proceso lineal y su impacto en la sociedad puede variar según múltiples factores, como la regulación (que está en un proceso embrionario y de aprobación el primer borrador en UE), la adopción por parte de las personas (como se está comprobando puede ser muy sencilla) y la implementación responsable y ética (algo que falta por ver) de las personas, organizaciones y gobiernos sobre el uso de las mismas.
Nos situamos en un proceso de transformación que es complicado encontrar similitudes en el pasado para imitar o basar nuestras acciones. Necesitamos ser creativos y con capacidad de adaptarnos a las circunstancias actuales para encontrar nuevas soluciones y nuevas estrategias. Tenemos que desempeñar un papel clave en la gestión de las emociones y la incertidumbre. Necesitamos dar claridad, transparencia y visibilidad sobre el futuro, y dar recursos para ayudar a las personas a adquirir nuevas habilidades y conocimientos necesarios para adaptarse al cambio y aprovechar las oportunidades que se presentan para conseguir organizaciones más conectadas, dentro y fuera. La conexión nos da visibilidad, más valor y mejores decisiones. El valor percibido por las personas, crece en proporción a la sensación de conexiones internas y externas, les ayuda a desempeñar su trabajo de forma más optima y eficaz; a la par que disminuye la incertidumbre y el miedo. No dejemos que utilicen a su criterio las tecnologías. Existen muchos tipos de tecnologías a utilizar, demos visibilidad de las mismas, pongamos orden y criterio en su uso, y el resultado conjunto será el deseado.
Debemos trabajar juntos para establecer normas y regulaciones de uso que guíen el desarrollo y buen hacer de la tecnología (en el caso de IA establecer aplicaciones de uso y reglas de juego globales y por departamento). Preparemos a las personas desde la transparencia, visibilidad sobre el futuro y proporcionar herramientas y recursos para que las personas adquieran las habilidades y conocimientos necesarios para adaptarse al cambio. Las nuevas tecnologías van a mejorar la eficiencia, la precisión y la capacidad de tomar decisiones en muchos campos, pero también es importante reconocer y transmitir que puede tener implicaciones en términos de empleo y desigualdad social; y éstas no deben de ocultarse, sino aprender a gestionar estas nuevas circunstancias; asi como trabajar con ellas. esa incertidumbre es necesaria saber vivir con ella.
Reflexionar sobre nuestro papel es obligatorio. Preparémonos y preparemos a nuestros colaboradores para que puedan aportar el valor que necesitan las tecnologías para que seamos más productivas y desarrollemos organizaciones con propósito (algo que últimamente no oigo), la vorágine actual nos ha hecho perder la brújula. La incertidumbre y el miedo como consecuencia de esta bien gestionadas puedes ser impulsores de transformación, necesitamos aprender a convivir con ello. Sin embargo, si dejamos que las decisiones importantes las acaben tomando las tecnologías, la capacidad de la intuición y creatividad dejará de existir, con lo que dejaremos de ser diferentes y exclusivos. Dejarán de tener sentido muchas cosas. Picasso solo existió una vez.
Alfonso Ramos